Este resistente e insólito arbusto llama mucho la atención por sus atractivas flores sin pétalos y con largos pistilos que parecen arañas.

La Grevillea juniperina es una planta muy rústica y singular, por lo que es de los arbustos más codiciados para cualquier jardín. Sus preciosas flores la capacitan para adornar la terraza, el patio, el balcón o el jardín más selecto, tanto en maceta como en jardinera, aunque será en jardín donde ‘dará el do de pecho’ en solitario, en macizos o formando setos.

Sí, es ideal para la formación de setos, eso sí unos setos diferentes, con cierta personalidad que además no hay que podar…, para que no pierda su carácter y crezca de forma libre, a su aire, sin que sea ‘domesticada’. Tanto sus hojas puntiagudas como la verticalidad de sus ramas el confieren la destreza como seto defensivo, aceptando también la poda si se le quiere dar.

El origen de la Grevillea juniperina

Este arbusto perennifolio tiene su origen en el este de Nueva Gales del Sur y el sudeste de Queensland en Australia. Se contabilizan entre cuatrocientas y quinientas especies de árboles y arbustos los que forman el género Grevillea, perteneciente a la familia de las Proteaceae.

Algunas especies de este género son: Grevillea brachystachya, Grevillea robusta, Grevillea johnsonii, Grevillea alpina, Grevillea rosmarinifolia, Grevillea sulphurea, Grevillea Clearview David, Grevillea Golden Yu-Lo, Grevillea lanigera, Grevillea Robyn Gordon, Grevillea scarlet sprite, Grevillea winpara gem, Grevillea thyrsoides, Grevillea olivacea, Grevillea juniperina,… esta última es en la que centramos este artículo, aunque hay algunas de estas especies que se les puede aplicar los mismos cuidados por ser muy similares en su porte.

Recibe el nombre vulgar de Grevillea arbustiva. Pero su nombre botánico hace honor al botánico Charles Francis Greville, aunque fue Robert Brown quien decide llamar a la Grevillea como juniperina por la similitud que tiene dicha planta con el Juniperus communis (el enebro) en la forma de sus hojas.

De izquierda a derecha G. Clearview David, G. juniperina y G. lanigera Mount Tamboritha

De izquierda a derecha G. Clearview David, G. juniperina y G. lanigera ‘Mount Tamboritha’

¿Cómo es la Grevillea juniperina?

La Grevillea juniperina es un arbusto perenne, de forma redondeada que suele alcanzar entre el metro y medio y los tres metros de altura, con un aspecto anárquico de ramas rectas y abiertas apuntando al cielo.

Sus hojas son algo coriáceas, de un color verde oscuro, lanceoladas, que se asemejan mucho a las del Juniperus communis (enebro), de ahí la nomenclatura ‘juniperina’ de esta especie.

El plato fuerte de este arbusto es la floración. Esta aparece a finales de invierno en los climas más cálidos, como el Mediterráneo. También en primavera y verano. Son unas flores muy peculiares y únicas porque carecen de los pétalos comúnes que poseen las flores, estas tienen cálices con gran proliferación de estilos en un principio enrollados sobre sí mismos que poco a poco se van desplegando hasta recordarnos a una araña.

Encontramos estas flores melíferas según variedad, en tonalidades fucsia, rojo, amarillo, verde, blanco, naranja… estas salpicarán toda la mata. La más valorada en jardinería es la flor de color rojo.

Esta variedad es muy fácil confundirla con la Grevillea rosmarinifolia de porte arbustivo también, pero más contenida.

Cuidados de la Grevillea juniperina

Aunque aceptará una sombra ligera, su ubicación ideal para que vegete bien es a pleno sol.

La Grevillea juniperina no tiene ningún inconveniente en soportar altas temperaturas. También aguanta el frío, pero las heladas fuertes sí son un problema para ella. Aguanta muy bien el viento.

Prefiere suelos profundos y ligeros tirando a ácidos, por lo que si hay que mejorarlo lo haremos añadiendo a la tierra o la turba de plantación arena. Si necesita trasplante, este se realizará en primavera con un sustrato para plantas acidófilas, cuidando de que en la base haya una capa de grava o arcilla expandida para que tenga un buen drenaje.

De izquierda a derecha G. Robyn gordon, G. scarlet sprite y G. winpara gem

De izquierda a derecha G. Robyn Gordon, G. scarlet sprite y G. winpara gem

Es una planta que agradece cierta humedad, por lo que en pleno verano los riegos serán continuos evitando que el suelo se seque, por eso es importante que el suelo drene bien. En invierno distanciaremos los riegos y si la lluvia hace acto de presencia será ella la que le surta del agua que necesite. Es una planta bastante agreste y cuando está implantada aguanta incluso algún periodo de sequía.

Para una buena floración los nutrientes son necesarios, así que agradecerán que se les aporte una vez al año un poco de fertilizante quelatado que provee a la planta de micronutrientes como hierro, manganeso, zinc y cobre.

Como decimos al comienzo debemos respetar su naturaleza, no hace falta la poda aunque la tolera. Simplemente nos limitaremos a frenar alguna rama que haya crecido de forma exagerada.

Si lo queremos reproducir, se puede hacer por semilla y por esqueje, aunque resulta algo complicado de forma amateur.

Plagas y enfermedades de la Grevillea juniperina

Es una planta muy resistente a plagas y enfermedades por su rusticidad. Puede aparecer algún pulgón en los brotes jóvenes y en flores, pero será raro. En el caso de que apareciera un tratamiento con un insecticida lo eliminará. La cochinilla también es una plaga que hay que combatir de forma preventiva para que no aparezca.

Como decimos la Grevillea juniperina suele verse libre de plagas, pero no de hongos cuando la humedad es alta, por lo que debemos asegurarnos que la planta posee un buen drenaje porque si no es el adecuado aparecerán en las raíces el hongo Phytophthora.

La Grevillea produce unas flores curiosas que son una auténtica maravilla, con un altísimo valor ornamental.

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