Esta planta es ideal cuando buscamos crear color en nuestros jardines, terrazas o balcones, pudiéndola disfrutar varios años, ya que tras su poda rebrota con mayor cantidad de flores.

La Achillea millefolium es una planta silvestre con una destacada cualidad por lo que la consideramos de obligada presencia entre la vegetación de nuestros jardines, balcones o terrazas, por ser planta hospedadora para control biológico: ella alimenta a los insectos sírfidos y ellos mantienen a raya los pulgones y la mosca blanca principalmente.

Si la cultivamos en el huerto entre líneas con los demás cultivos frutales y hortícolas, al servir como nidarios de la fauna útil nos evitaremos los tratamientos fitosanitarios.

Posee unas bonitas flores en colores muy variados, por lo que la encontraremos en maceta para alegrar cualquier rincón, en parterres y macizos naturalizando zonas de jardinería y también en arreglos florales, aunque en este último caso no para destacar sus flores, sino como verde de corte como la Gypsophila paniculata.

La Achillea millefolium es una planta que tolera cualquier tipo de clima. Aunque prefiere unas condiciones templadas, resiste bien las heladas y la sequía moderada, siendo el pleno sol su ubicación preferida.

El origen de la Achillea millefolium

Achillea es un género que comprende unas 650 especies descritas y unas 150 aceptadas. Son naturales de las regiones templadas de Asia y la zona mediterránea de Europa. También encontramos algunas en Norteamérica. Las encontramos de forma natural creciendo en zonas húmedas pero bien drenadas en exposiciones soleadas, como son pastos, campos, bordes de caminos y en laderas de montaña.

Achillea millefolium de flor roja

Pertenece a la familia Asteraceae y de forma popular se la conoce como milenrama, si bien tiene otros muchos nombres populares como milhojas, milefolio, milrosas, flores mil, cientoenrama, aquilea, achilea, camomilla de los montes, flor de la pluma, hierba meona, hierba del carpintero, hierba de Aquiles, colchón de pobre, altamisa, altarreina, celestina, flor del soldado, hierba del soldado…

En nuestra documentación encontramos que según Plinio, el nombre latín Achillea deriva del griego ‘achilleía’, refiriéndose a Aquiles, héroe de la guerra de Troya, del cual se dice que fue iniciado por el centauro Quirón en el manejo de las plantas en la medicina, aprendizaje que le sirvió para curar a sus guerreros.

Hay muchas variedades de Achillea millefolium por su fácil capacidad de hibridación, lo que nos permite diferentes colores, diferentes alturas y diferentes tiempos de duración de sus flores. Es difícil encontrar los nombres de estas variedades, ya que solamente interesan al círculo profesional, porque en ellos se esconden sus valores genéticos con los que se sabe su comportamiento tanto en cultivo como en sus aspectos ornamentales.

¿Cómo es la Achillea millefolium?

Estamos ante una planta perenne, aromática y rizomatosa. Sus tallos de crecimiento erecto, alcanzan según variedad alturas de entre 30 a 70 cm. que al cortarlos veremos en su interior la médula esponjosa blanca.

Sus hojas, de color verde intenso son lineales, lanceoladas y crecen alternas muy divididas en pequeños segmentos.

Esta herbácea vivaz florece de mayo a noviembre. El abanico cromático de sus flores abarca diferentes colores: rojo, distintas tonalidades de rosa, magenta, rosa malva, amarillo, naranja, crema, blanco… Se reúnen en capítulos de 4 a 6 milímetros de diámetro formados por unas 10 flores, que a su vez se agrupan en corimbos, donde todas se disponen en el mismo nivel. Las flores internas son hermafroditas, con cinco estambres y pistilo, con la corola acabada en cinco lóbulos y las externas son liguladas, femeninas, con tres dientes que parecen pétalos.

El fruto es un aquenio comprimido, obovoide, sin vilano. Aquenio es el término que denomina a un fruto pequeño, seco y monospermo (que viene de una única semilla).

Achillea

Cuidados de la Achillea millefolium

La ubicación de la Achillea millefolium será siempre a pleno sol para mantener compacta la planta y para que el color de la floración sea intenso.

Importante que el clima sea templado para un crecimiento óptimo, aunque es bastante tolerante a cualquier tipo de clima.

Es una planta silvestre que por supuesto prefiere suelos arenosos, mullidos y bien drenados ya que no tolera el encharcamiento, aunque se adapta prácticamente a cualquier tipo de suelo.

En cuanto al riego mantendremos la humedad moderada, no deben de ser muy abundantes ya que tolera bien la sequía (su código de sequía es 2,5 sobre 6). Lo que no tolera es el encharcamiento, por lo que es mejor un riego frecuente y escaso que grandes riegos espaciados.

El abonado de la Achillea millefolium debe de ser equilibrado, aunque para que crezca fuerte potenciaremos el potasio, así también será mucho mejor su floración. En otoño invierno le aportaremos un abono orgánico tipo compost o humus de lombriz.

Para incentivar la refloración iremos eliminando las flores marchitas.

Será en invierno cuando podemos realizar una fuerte poda a nivel de suelo para sanearla, sin miedo, ya que con la entrada de la primavera, incluso antes si tenemos buenas temperaturas, brotará con fuerza y con más tallos por la distribución de sus rizomas. Como planta rizomatosa que es, la Achillea millefolium va ‘invadiendo’ poco a poco la superficie del terreno con esos tallos erectos que van saliendo del suelo y que le permiten retoñar y propagarse formando un espeso tapiz cubresuelo.

La Achillea millefolium se puede multiplicar por división de mata y semillas.

Achillea millefolium de flores blancas

Plagas y enfermedades de la Achillea millefolium

La Achillea millefolium es una planta que como antes decíamos es hospedadora para control biológico. Es muy silvestre y precisamente esa capacidad para producir alimento para los insectos sírfidos (son los que devoran a la mosca blanca y los pulgones principalmente) la protege de ellos.

Así que más que plagas y enfermedades hablaremos de fisiopatías (trastornos en las plantas), las cuales si ponemos atención, subsanaremos muchos problemas:
·· Si la vemos desgarbada, con tallos excesivamente tiernos, pocas flores de colores apagados, seguramente el problema venga de una pésima o nula fertilización y escasez de luz.
·· Si observamos problemas de raíz se pueden deber a exceso de humedad o que el suelo no drene bien.

Disponemos de esta planta en diferentes colores para alegrar tu huerto, tu terraza, balcón y jardín.