Hijo de Poseidón, el dios griego Proteus, podía cambiar de apariencia a voluntad. De él toman su nombre las Proteas, que las podemos encontrar en una increíble variedad de formas, tamaños, matices y texturas.

Estas plantas gustan porque parecen sacadas de extraños paisajes por sus flores tan hermosas como inusuales. Son plantas que no puedes adaptar a cualquier clima porque requieren de sol, calor y un suelo con muy buen drenaje, por lo que son ideales en las partes rocosas de un jardín donde se den estas características.

Son muy utilizadas en jardines que requieren poco mantenimiento y agua como son los jardines costeros mediterráneos. Tanto como ejemplares aislados como en grupos arbustivos. También en macetas alegran los patios, terrazas y balcones.

Este género es fácilmente identificable por sus bonitas flores en forma de alcachofa. Las encontramos en diferentes formas y tamaños y en tonalidades que van del rosa pálido al rojo más intenso, y también encontramos distintos colores en una misma flor, como en la especie Protea cynaroides, la protea Rey, la más conocida por lo espectacular de su tamaño, hasta 30 cm de diámetro llega a medir su flor en rosa con matices más claros y oscuros.

Las flores de las Proteas son muy populares en las coronas navideñas. Suelen secarse para arreglos florales despojándolas de sus hojas inferiores colgándolas unas semanas boca abajo en un lugar oscuro y ventilado.

En Canarias existe una gran producción de Proteas para flor cortada. La floración se produce entre enero y abril. En floristería son muy apreciadas ya que estas flores tienen gran longevidad y gracias a su vistosidad, pueden lucir en los arreglos florales hasta tres semanas después de haber sido cortadas.

Protea en maceta

El origen de las Proteas

Las Proteas pertenecen a la familia de las Proteaceae y proceden principalmente de la zona del Cabo, en Sudáfrica donde son todo un símbolo y la flor nacional. Allí crecen de manera espontánea formando grandes matas de flores en una amplia variedad de formas y colores. Se las conoce también como las Reinas del Cabo.

También en Australia y en América del Sur existen algunas especies de Proteáceas, aunque desde el punto de vista ornamental las más valoradas son las sudafricanas.

En el siglo XVIII fueron introducidas en Europa por los botánicos que visitaron el Cabo quedando embelesados por su belleza. Linneo fue quien en 1735 dio nombre a este género en honor al dios griego Proteo que tenía la capacidad de transformarse en numerosas formas, como la gran diversidad de formas que ofrece también este género en sus flores, de las que hay más de 80 especies de arbustos que lo conforman. Algunas especies son: Protea cynaroides, Protea obtusifolia, Protea caffra, Protea eximia, Protea aristata, Protea laurifolia, Protea barbigera, Protea cryophila

¿Cómo son las Proteas?

Son plantas arbustivas perennes que varían en altura entre los 35 y 200 cm, encontrando desde arbustos pequeños hasta altos.

Las hojas están alrededor del tallo dispuestas de forma alterna, son coriáceas y pueden tener forma ovalada, redondeada, plana o lanceolada. El color de este follaje va del verde claro al oscuro pasando por el verde grisáceo o el azulado. Estas hojas se han adaptado al ambiente seco donde se encuentran y son capaces de absorber agua aprovechando la acumulación de humedad de la niebla costera.

Flor de protea

Las flores de las Proteas son muy variadas y de gran tamaño (pueden alzanzar un diámetro de entre 12 a 30 cm.) parecidas a una alcachofa, aparecen rodeadas de grandes brácteas puntiagudas brillantes en distintos colores que van desde el rojo al naranja y el rosa. Algunas especies son autopolinizables y otras necesitan la polinización cruzada para producir semillas. Son los insectos, las aves y el viento los principales vectores de la transferencia de polen. Estas plantas florecen en primavera.

Sus semillas se dispersan por el viento y en otoño cuando comienza la época de lluvias, germinan. Es una planta que es capaz de rebrotar tras un incendio.

Cuidados de las Proteas

Imitar las condiciones naturales de crecimiento de las plantas es digamos ‘el único secreto’ que debemos aplicar. Así las Proteas crecen en zonas costeras y montañosas donde el suelo es ácido, pobre en nutrientes y muy bien drenado, recibiendo gran cantidad de aire y sol y también lluvias en invierno.

Por lo que su ubicación será a pleno sol donde el aire circule libremente alrededor de ella, no tiene problemas si la zona es ventosa. Necesitan luz solar durante al menos 6 horas al día.

Son plantas que pueden soportar un rango de temperaturas de -5°C a 38°C. La temperatura ideal ronda entre los 20 y 25°C. Cuanta más humedad ambiental vegetará mucho mejor. No toleran mucho el frío y las heladas.

Las Proteas prosperan en suelos ácidos y pobres en nutrientes, pero lo más importante y necesario a la hora de cultivarlas es que debe tener muy buen drenaje. Las raíces crecen de forma superficial, por lo que si se acumula el agua, las raíces se encharcarán y la planta morirá. Podemos aplicar corteza de pino sobre el suelo, eso evitará el crecimiento de malas hierbas, mantendrá el suelo fresco y además le proporcionará una fertilización gradual, ya que la corteza de pino ayuda a acidificar el suelo. Lo que no es conveniente es rastrillar el suelo ya que puede dañar su sistema radicular que como indicamos anteriormente es superficial.

A la hora de su plantación en maceta, debemos aportar antes del sustrato grava o piedra volcánica para asegurar un buen drenaje. Utilizaremos un sustrato que tenga buena aireación, que sea ácido, como el empleado a la hora de plantar hortensias por ejemplo.

Flor de Protea

Si las acabamos de ubicar el riego será una vez por semana los dos primeros años. Después un riego cada dos o tres semanas en plantas establecidas será suficiente ya que son tolerantes a la sequía. Evitaremos mojar el follaje si hay bastante humedad en el ambiente para evitar enfermedades fúngicas. Si están en maceta y tienen un plato en la base o están dentro de una cubremaceta, retiraremos el agua sobrante siempre.

No son plantas exigentes en el tema de nutrientes, pero un abonado a las dosis más bajas para plantas de flor hará que sus flores luzcan con mejor colorido.

Para mantener las plantas sanas, más compactas y con mejor floración debemos someterlas a una poda. En las plantas más jóvenes despuntaremos sus tallos en primavera. En las ya establecidas después de la primera floración podaremos el tallo de la flor por encima del tallo principal unos 10 cm. También debemos sanear la planta eliminando los tallos débiles o dañados, así como las flores marchitas teniendo en cuenta no podar más del 50% de la planta para que se puedan desarrollar nuevos brotes.

En el hemisferio norte podemos reproducir por esqueje las Proteas en los meses de primavera.

Plagas y enfermedades de las Proteas

Son plantas bastante rusticas y de bajo mantenimiento que no suelen presentar problemas de plagas.

Digamos que el problema más habitual es el exceso de humedad que puede producir podredumbre en las raíces. Debemos dejar secar el sustrato entre riegos. También son susceptibles a diferentes hongos aéreos que depreciarían las flores y el follaje si mojamos en exceso el follaje.

Su original apariencia de formas dispares, sus bellos colores y su longevidad bien merecen un rincón en el jardín.