Estamos ante una planta compacta de Gypsophila, ideal como planta colgante, para jardineras de ventana, borduras y rocallas de jardín con atractivas y abundantes flores en blanco o rosa.

La Gypsophila muralis es una hierba anual, de pequeña altura pero muy compacta, con una floración alegre y considerablemente abundante que contrasta a la perfección con otras plantas anuales de floración estival en tonos pasteles de rosas, malvas y azules.

Si se cultiva en suelo y se la deja a su antojo, pronto convertirá el lugar en un hermoso paisaje formando una amplia alfombra de flores blancas o rosadas. Por lo que es ideal para rellenar esas áreas o espacios vacíos del jardín donde se necesite un gran despliegue de color.

Normalmente es el formato colgante la manera más decorativa de presentar esta planta.

El origen de la Gypsophila muralis

La Gypsophila muralis es una incorporación reciente al mercado ornamental. Aunque este género se desarrolla principalmente en zonas templadas de Europa, el Caúcaso y Siberia, su origen está en el trabajo de los obtentores daneses. Forma parte de la familia de las Cariophyllaceae.

Entre los nombres comunes encontramos ‘nube de novia’ o ‘velo de novia‘, que lo recibe por su aspecto delicado y frágil. También se la llama ‘gisófila’.

Gypsophila muralis en jardín

¿Cómo es la Gypsophila muralis?

La Gypsophila muralis puede alcanzar una altura de unos 21 cm. lo que la hace ideal para borduras y rocallas en jardinería, así como para macetas y jardineras.

Arropando los tallos vemos sus hojas largas y estrechas de un color verde intenso que hacen que resalten sus múltiples flores blancas o rosadas, que aparecen entre julio y septiembre.

Sus flores son pequeñas, de cinco pétalos que encontraremos en color rosa más o menos intenso y en blanco. Cada flor te puede llamar la atención por su delicadeza, pero es el conjunto de ellas agrupadas lo que resulta extraordinario.

Cuidados de la Gypsophila muralis

Se trata de una planta muy adecuada para ambientes minimalistas de interior, en especial la de color blanco que es muy popular entre los jóvenes consumidores.

Debemos tener en cuenta que es si la queremos disfrutar formando arriates o parterres debe ser con plantas de idéntico tamaño y necesidades, ya que si se hace al lado de plantas de crecimiento considerable, se perderá todo su encanto.

Su ubicación al exterior será a pleno sol para que florezca en toda su intensidad, aunque si el clima es muy caluroso es preferible ponerla en semisombra. En interior la tendremos en lugares bien iluminados. Las temperaturas medias anuales para su mantenimiento y cultivo oscilan entre los 15 y 25ºC.

La Gypsophila muralis necesita tener buen drenaje si la plantamos en el jardín, por lo que donde la ubiquemos el suelo debe proporcionarle esa aireación que necesita, si no, mezclar la tierra con arena gruesa.

Es una planta que necesita un riego moderado durante todo el año, por lo que vigilaremos el sustrato porque es muy importante no excederse en el riego, ya que podríamos pudrir las raíces. Esperaremos a que la superficie del sustrato comience a secarse antes de volver a regar. No dejar si la tenemos en maceta, agua en el plato después del riego.

Gypsophila muralis en arriate

Mientras dure la floración es conveniente abonarla cada quince días, eso ayudará a la Gypsophila muralis a mantener más tiempo su floración y que esta sea desbordante.

Plagas y enfermedades de la Gypsophila muralis

Por lo general es una planta bastante resistente, por lo que apenas hay que preocuparse por la agresión de plagas o enfermedades. En caso de agresión, serían los pulgones los que la atacarían.

Curiosidades de la Gypsophila muralis

No olvidemos que estamos ante una planta de naturaleza anual, por lo que no es necesario realizar ninguna labor tras la conclusión de su ciclo ordinario. Simplemente se retira y se reemplaza por otra planta.

Como aclaración añadiremos que las plantas anuales en su mayoría nacen, crecen, florecen durante la primavera y verano, y producen sus frutos a finales de verano u otoño.

Las plantas vivaces en cambio, son aquellas que duran más de dos años y por tanto renacen al año siguiente. También se las conoce como plantas perennes. Son plantas herbáceas, no leñosas. Con la llegada del invierno se secan sus tallos y hojas, pero sus raíces siguen latentes bajo tierra, volviendo a brotar en primavera.

En la Colección MaQu puedes disponer de la Gypsophila muralis cada temporada ya establecida en maceta para tu disfrute inmediato.