Se las conoce como ‘orejas de elefante’ y es que cuando miras sus hojas sacudidas por el viento, te evocan precisamente a ellas.

Las Alocasias constituyen una muy buena opción para decorar las diferentes estancias, otorgándoles elegancia, tranquilidad y solemnidad. Algunas de las especies, por sus características, ofrecen una apariencia perfecta para los diferentes rincones.

Son muy populares por su resistencia y facilidad de cultivo, pero debemos tener en cuenta que como todas las plantas de hojas grandes tanto en el interior del hogar como en el jardín, patio, terraza o balcón necesitan de un gran espacio para poder crecer sin limitaciones.

Este género comprende cerca de 70 especies muy apreciadas por la extraordinaria belleza de sus hojas de gran tamaño, por lo que resultan perfectas para decorar tanto interiores como exteriores donde aportan grandes notas de color.

Es una planta que si la tenemos en maceta en el interior, requiere de nuestra visita diaria si la queremos tener perfecta, ya que debemos ir girando la maceta un cuarto cada día, para que las hojas no queden todas mirando en una única dirección.

El origen de la Alocasia

El género Alocasia pertenece a la familia Araceae e incluye plantas nativas de las regiones tropicales de Asia, Oceanía y Sudamérica, con unas setenta especies que crecen de forma natural en el sotobosque de estas regiones de temperaturas cálidas y húmedas.

El nombre Alocasia tiene una gran similitud con Colocasia
, de hecho en un tiempo este género se clasificó como Colocasia. Y lleva este nombre por esta asonancia. Pero no hay que confundirlas porque son plantas muy distintas en cuanto a necesidades porque en aspecto son muy parecidas.

La Alocasia tiene la hoja en forma de punta rígida mientras que la de la Colocasia mira hacia el suelo.

Se las conoce popularmente con nombres como Ñame, Ñame de Canarias, Oreja de elefante, Colocasia, Taro de jardín, Marquesa, Alcolcaz, Manto de Santa María…

Flor de Alocasia

¿Cómo es la Alocasia?

Son plantas perennes, dotadas de un rizoma subterráneo (órgano de reserva) que tienen sus raíces en la parte inferior y en la superior es donde emite brotes herbáceos que originan nuevos tallos de los que nacen las hojas y flores.

Las hojas son bastante grandes y tienen forma sagitada (en forma de flecha). Suelen ser estrechas y alargadas, aunque también las encontramos con hojas más redondeadas, con grandes pecíolos carnosos y tienen distintas tonalidades que van desde el verde intenso al claro, en colores bronce, morados y en todas son muy evidentes las nervaduras.

Aunque son muy difíciles de ver, las flores tienen la forma que caracteriza a la familia de Araceae, es decir una espata en tono blanquecino. Realmente es una bráctea que envuelve para su protección a las auténticas flores, que se presentan en inflorescencia.

Dentro de las Alocasias hay especies que pueden llegar a los 5 m de altura. Este género como comentamos al principio comprende unas setenta especies de las que te nombramos las más populares: A. cuprea, A. macrorrhiza, A. sanderiana, A. cucullata, A. indica, A. amazónica (polly), A. wentii

Cuidados de la Alocasia

La Alocasia es una planta de fácil cultivo, que requiere de sombra o semisombra. Si le da el sol sus hojas se quemarán o decolorarán. Al exterior bajo de los árboles es su lugar ideal, donde otras especies no prosperarían. En el interior requiere de muy buena iluminación e ir girando la maceta para que las hojas no queden todas mirando en una única dirección.

Las temperaturas ideales para su mantenimiento se sitúan entre 20-24°C, pudiendo resentirse si bajan de 15ºC. Si por frío pierde sus hojas, volverá a brotar al llegar la primavera.

Son plantas que requieren de una buena aireación que no quiere decir que tenga corriente de aire. No es lo mismo y esta última la perjudican.

Las Alocasias no son exigentes en cuanto al suelo. Necesitan que tenga materia orgánica, que sea esponjoso y con buen drenaje ya que no toleran los encharcamientos. Si las ubicamos en maceta utilizaremos un sustrato universal o para plantas verdes poniendo en la base grava o arcilla expandida para facilitar el drenaje.

Alocasia sanderiana

Necesitan humedad ambiente y esto si las tenemos en compañía de otras plantas se crea. Si está en solitario pondremos en la base de la maceta un plato hondo con grava o guijarros asegurándose de que la base de la maceta no está en contacto con el agua. Esto hará que con el calor el agua se evapore y en consecuencia humedece el aire que circunda a la planta. Debemos mantener ese plato lleno de agua para que no pierda la humedad en épocas calurosas.

Sus grandes hojas necesitan que se las limpie, bien pulverizando con agua o regando sus hojas y si no fuera posible con mucho cuidado utilizando un paño humedecido con agua. Recordemos que los abrillantadores obstruyen los poros e impiden la transpiración de las plantas.

El riego será generoso en primavera y verano pero dejando secar ligeramente la superficie entre riego y riego para que no se pudra el rizoma y sin que haya encharcamiento, luego los iremos reduciendo progresivamente con la llegada del otoño y durante el invierno que mantendremos el sustrato con algo de humedad, simplemente.

Sólo abonaremos las Alocasias cuando estén en plena actividad vegetativa, es decir en primavera y verano. Le aportaremos el abono disuelto en el agua de riego. Un fertilizante equilibrado por igual en nitrógeno (N), fósforo (P) y potasa (K) que incluya microelementos como el hierro (Fe), manganeso (Mn), cobre (Cu), zinc (Zn), boro (B) y molibdeno (Mo), hará que la planta tenga un correcto y equilibrado crecimiento.

Si tenemos nuestra Alocasia en maceta la trasplantaremos cada dos tres años, según variedad y lo haremos antes de que comience su actividad vegetativa, o sea a finales del mes de febrero eligiendo una maceta algo mayor de la que tenía.

Las Alocasias no se podan. Simplemente nos limitaremos a retirar las hojas que con el tiempo se estropean o amarillean. Utilicemos siempre los utensilios limpios, desinfectados y bien afilados.

La planta se multiplica por división de los rizomas.

Alocasia cucullata

Plagas y enfermedades de la Alocasia

Como casi todas las plantas de sombra, debido al ambiente más bien seco en el que se desarrollan en verano, pueden ser sensibles al ataque de la araña roja, así que mantendremos el ambiente húmedo para evitar su aparición o trataremos con un acaricida a ser posible ecológico.

También si observamos en el tronco y envés de las hojas unas manchas pardas o blanquecinas, estaremos ante un ataque de cochinilla parda o algodonosa, que si es poca la eliminaremos manualmente con un paño o algodón o con un insecticida ecológico a ser posible.

Es importante controlar el riego y evitar estancamientos para que no se pudran los rizomas.

Cuando les falta el agua veremos que la planta tiene un crecimiento raquítico y las hojas amarillas, así que lo corregiremos aportándole el agua que necesita.

Si la planta recibiera el sol directo veremos quemaduras en sus hojas, que oscurecerán y se marchitarán. Podemos eliminarlas y llevar a la planta a un lugar sombreado para que se recupere.

Es una planta que necesita de un buen abonado por lo que si este fuera insuficiente veremos que las hojas pierden su brillo natural y los márgenes se ponen de un color marrón.

Los amantes de las plantas de hojas grandes, tienen en las Alocasias una bonita colección de formas y colores.